Argumentum ad Personam

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Llegint el diari he trobat una expressió que feia anys que no llegia: argumentum ad personam, com que és divendres i em fa mandra explicar-vos que vol dir (que segur que tots ho sabeu) he trobat aquest text per internet; està en Espanyol.

Desitjo que us sigui lectura interessant.

Salutacions i bon dia.

“…

Si uno se da cuenta de que el adversario está en superioridad y de que uno nova a mantener la razón, entonces ha de personificar, volverse ofensivo, grosero. Elpersonificar consiste en abandonar el objeto de la discusión (porque ese juego yaestá perdido) y en atacar de algún modo al contendiente y a su persona: podría denominársele argumentum ad personam, a diferencia del argumentum ad hominem: ésteparte de un asunto puramente objetivo para atenerse a algo que el oponente ha dichoo concedido. Cuando uno personifica, sin embargo, uno abandona el asuntoenteramente, y dirige su ataque a la persona del contrario: uno se vuelve ofensivo,injurioso, insultante, grosero. Se trata de una apelación de las fuerzas delespíritu a las del cuerpo, o a las de la animalidad. Esta regla es muy famosa,porque vale para toda representación y por eso es usada muy a menudo. Hay quepreguntarse qué contrarregla puede valer para la otra parte. Porque si quiereutilizar la misma, entonces habrá una pelea, o un duelo, o un proceso por injurias.

Uno se equivocaría mucho si creyera que es bastante con no personificar unomismo. Pues si uno le muestra al otro con total tranquilidad que no tiene razón yque juzga y piensa mal, lo cual es el caso en una victoria dialéctica, elloexaspera al contrario mucho más que una expresión grosera e injuriosa. ¿Por qué?Porque como Hobbes dice: Omnis animi voluptas, omnisque alacritas in eo sita est,quod quis habeat, quibuscum conferens se, possit magnifice sentire de seipso [todoel placer del alma y toda jovialidad dependen de que uno tenga a alguiencomparándose con el cual uno pueda tenerse a sí mismo en mucho]. A los hombres nadales importa más que la satisfacción de su vanidad y nada les duele más que el hechode que ella sea lastimada. (De ahí proceden dichos tales como «el honor vale másque la vida»((,)) etc.) Esta satisfacción de la vanidad procede principalmente dela comparación de uno mismo con los otros, en todo respecto, pero sobre todo enrelación a las fuerzas del espíritu. Eso sucede effective y muy fuertemente en lasdiscusiones. De ahí la exasperación del vencido, sin que se haya cometidoinjusticia contra él, y de ahí que eche mano al último remedio, a esta últimaartimaña: de la cual uno no se puede librar mediante meros buenos modales por suparte. Mucha sangre fría puede, con todo, ayudar, si uno, en cuanto el oponenteempieza a personalizar, responde con tranquilidad que eso no tiene que ver con elasunto y lo rechaza y prosigue mostrando que no tiene razón, sin atender a susofensas, o sea, que dice como Temístocles a Euribíades: ((pataxon men, akoyson de))[pégame, pero escúchame]. Pero de esto no son todos capaces.

La única contrarregla segura es por tanto la que ya da Aristóteles en elúltimo capítulo de su Topica: no discutir con el primero que uno encuentre, sinosolo con quienes uno ya conoce y de los que sabe que tienen suficienteentendimiento como para no decir cosas totalmente absurdas de las que uno tenga quehacer que se avergüencen; y para discutir con razones y no con pretensiones dedominio; y para atender a las razones y aceptarlas; y finalmente que aprecien laverdad, que oigan con gusto buenos argumentos, incluso de la boca del contrario, yque tengan la equidad suficiente como para poder soportar no tener la razón si laverdad está de otra parte. De ello se sigue que de entre cien apenas uno serámerecedor de que se discuta con él. Al resto se les deja hablar lo que quieran,pues, desipere est juris gentium [ignorar es derecho de gentes], y considérese loque dice Voltaire: La paix vaut encore mieux que la vérité [la paz vale más inclusoque la verdad], y hay un refrán árabe que dice: «del árbol del silencio cuelga sufruto: la paz».

En cuanto frotamiento de cabezas, el discutir procura, también, frecuentementemutuo beneficio, contribuye a la corrección de los propios pensamientos y tambiénal engendramiento de nuevos puntos de vista. Pero ambos contendientes deben deestar muy igualados tanto en erudición como en espíritu. Le falta a uno la primera,entonces no entenderá todo, no estará au niveau. Si le falta el segundo, entoncesla exasperación así inducida le llevará a cometer deshonestidades y trucos, o leempujará a la grosería.

Entre la discusión en colloquio privato s. familiari [en diálogo privado ofamiliar] y la disputatio solemnis publica, pro gradu [disputación pública solemne,para alcanzar un grado académico]((,)) etc. no hay ninguna diferencia esencial. Tansolo quizá que en la última se exige siempre razón contra el opponens [quien haceobjeciones], y que, por eso, si es necesario, el praeses [presidente] se ponga desu parte; o también que en la última uno argumenta más formalmente y procura vestirsus argumentos con la forma rigurosa del silogismo.

Arthur Schopenhauer (trad. Fernando Oreja): Dialéctica erística o el arte de tenersiempre la razón (expuesta en treinta y ocho artimañas), Madrid, Facultad deFilosofía de la Universidad Complutense, marzo de 1997, 72 págs., colecciónExcerpta Philosophica, 20, ISBN 84-88463-17-0.

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